Feliz día, padres

Mafalda

Feliz día, padres.

Ojo: no les escribo a los varones que fecundaron a una (o varias) mujeres. Les deseo un feliz día a los que se levantaron cuando los sueños no eran lindos. Los que se emocionaron con los primeros pasos. Los que escucharon la primera palabra. Los que dijeron al menos una vez “no pasa nada, acá estoy”. Los de los consejos. Los de la verdad, aunque duela.

Les escribo a los compañeros, los Continue reading

Evitemos la espiral de paranoia

La gente del diario La Nación de Argentina me pidió una opinión sobre la proliferación de problemas de pareja debido a las redes sociales. Esto escribí:

Esos dos tildes en el WhatsApp pueden hacer que cualquiera se ponga rápidamente nervioso. “¿Recibió mi mensaje pero no me responde?” es, claramente, el comienzo de una espiral de paranoia que termina en recriminaciones varias. Lo cierto, amigos, es que las marcas verdes quieren decir simplemente que sus mensajes salieron de sus teléfonos, llegaron a losservers de WhatsApp (primer tilde) y, desde esosservers , viajaron (segundo tilde). Pero no informan nada acerca de si el mensaje en cuestión llegó a las manos del destinatario o, incluso peor, si fue leído o no.

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hey iPhone, no me autocorrijas

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A riesgo de sonar este post como una suerte de poesía y/o tango, el iPhone tiende a corregir cada cosa que escribo. Muchos de ustedes me sugerirán que apague tal opción del teléfono pero, aunque no lo crean, me resulta muy útil.

Es entonces cuando me enfrento al dilema del gataflorismo en su máxima expresión. Busqué solución pero todos me ofrecían hacer un reset total del diccionario que el iPhone va creando con la aceptación (o no) de las autocorrecciones.

Es una solución, obvio, drástica. Final.

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El pregón del ejemplo

Entender la dinámica de lo que nos va pasando es lo que nos hace distintos.

Hay personas que eligen quejarse y no hacer nada al respecto. Otras en cambio prefieren accionar sobre las situaciones y modificarlas. O, al menos, intentarlo.

Vale para todos pero más aún para los que deciden emprender una empresa desde cero. En ese camino hacia el ¿éxito? van a cruzarse con muchísimas situaciones donde la toalla está al alcance de la mano. Donde la tentación de volver a ser empleado está a la vuelta de la esquina. Y es ahí cuando se decide de lo que estás hecho.

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El Tempo de Mailbox: copycats a destiempo.

Hace algunas semanas lanzaron Mailbox. Se trata de una ¿novedosa? forma de mantener tu inbox a raya, mediante gestos simples y decisiones rápidas. Básicamente te invita a ocuparte de los mails importantes, dejando para más adelante los que pueden esperar. Todo eso con una interface simple, clara y rápida.

Hasta allí, nada del otro mundo.

Lo novedoso de Mailbox fue su forma de acceder a la app. Ellos no permiten acceder al soft directamente sino a través de un sistema de reservas. Al descargar la app, una pantalla (muy bien diseñadas las transiciones debo decir) indica claramente cuanta gente hay delante y cuantas detrás. El contador se actualiza en forma automática y hace que las ganas de acceder sean cada vez más grandes.

Me pareció una jugada de marketing magnífica. Porque, una vez que has esperado largo tiempo por algo, es muy difícil que lo descartes fácilmente. Antes de borrarlo de tu teléfono, lo vas a pensar al menos un poco más que lo harías con cualquier otra aplicación (gratuita o no)

Como era de esperar este “sistema de reservas” ya tiene sus copycats. El primero de ellos fue Continue reading

Si querés llorar, llorá

Si querés llorar, llorá

En los momentos complicados es cuando se ve de qué estás hecho, no cuando todo sale bien. Ahí es fácil.

Si tu proyecto no funciona, cambialo. Modificate. Pensá en otra cosa, da una vuelta de timón. Y lo más importante: hacelo antes de que se termine la plata.

No tiene sentido quedarse insistiendo en algo que a todas luces no está funcionando. Es, quizás, otro de los grandes atributos que un empresario (porque es lo que sos) tiene que tener: saber cuándo y cómo tomar decisiones.

Es doloroso, lo sé. Pero es preferible un dolor pasajero que uno final.

Obviamente tenés otra opción: quejarte, no hacer nada y ver como tu proyecto se hunde irremediablemente.

Yo, para llorar, prefiero ver una película.