Pecha Kucha tiene ese no se qué, ¿viste?

Pecha KuchaHace poco me tocó participar en un Pecha Kucha, Fue una gran experiencia. Sobre todo porque, a diferencia de cualquier tipo de charla que di en mi vida, esta tiene una particularidad: una vez que empieza, las fotos pasan “solas” cada 20 segundos. No hay forma de controlarlas. Entonces hay dos opciones: 1) elegir fotos “genéricas” y así la charla fluye sin complicaciones o 2) elegir fotos que acompañen el texto, obligando así al expositor a ensayar mucho (muchísimo debo decir) para que el texto tenga correlato con lo que el público ve en esa pantalla gigante.

Yo decidí la opción 2. La más difícil pero también la más sincera. Si May Groppo me había convocado, yo tenía que ser honesto y dar lo mejor de mi.

Entonces escribí la charla (6′ 40” para ser exactos), la edité y la ensayé. En el camino, le pedí a mi gran amigo Esteban Brenman que ilustrara la presentación. En la mitad de esa semana, solamente para hacerlo más dramático, me agarré un virus que hizo que tenga 39 grados de fiebre en forma constante.

Así y todo, ensayé (vicios de mi actividad actoral) sabiendo que cuanto más lo tuviera metido adentro de mi cabeza, mejor saldría.

Y llegó el día y la fiebre no bajaba. La pregunta no era “¿voy igual?”. La duda que me volvía loco era: “¿voy a poder hacerlo?”.

Me puse como límite 2 horas antes del evento. Llegado ese momento, evaluaría si estaba en condiciones de hacerlo o no. Miré el reloj durante toda la tarde, esperando el milagro. Pero el termómetro se empecinaba en mostrarme una realidad muy distinta a la que yo quería aceptar.

Así que, llegado el momento, me pegué un baño y tomé un Ibupirac y me fui al teatro. Si todo salía bien, al momento de dar la presentación, no iba a tener fiebre (fruto de la droga mágica).

Mis cálculos fueron exactos. Pero el evento se retrasó algunos minutos y, al momento de subir, la fiebre había vuelto a aparecer.

Así y todo, quizás sea una paradoja del destino, pude dar la charla. Y tener fiebre e intentarlo fue una confirmación de lo que quería decir: “Derribar imposibles”. De eso se trata, después de todo, ser emprendedor. Intentar, probar, y salir transformado.

Di la charla y me volví a mi casa (a mi cama). Con fiebre pero feliz.

Este es el resultado de mis peripecias. No se si estuve bien o estuve mal. Lo único que puedo confirmar es que dije lo que pienso y lo que creo: ser feliz no es una opción. Intentarlo tampoco.

3 thoughts on “Pecha Kucha tiene ese no se qué, ¿viste?

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