El pregón del ejemplo

Entender la dinámica de lo que nos va pasando es lo que nos hace distintos.

Hay personas que eligen quejarse y no hacer nada al respecto. Otras en cambio prefieren accionar sobre las situaciones y modificarlas. O, al menos, intentarlo.

Vale para todos pero más aún para los que deciden emprender una empresa desde cero. En ese camino hacia el ¿éxito? van a cruzarse con muchísimas situaciones donde la toalla está al alcance de la mano. Donde la tentación de volver a ser empleado está a la vuelta de la esquina. Y es ahí cuando se decide de lo que estás hecho.

Yo tengo una sola recomendación: pensá cómo querés que seas recordado. Y no estoy hablando del “bronce” porque eso es para los próceres. Pensá como querés que te recuerden en general. Como un luchador o como un tibio. Como alguien que se la jugó por lo que creía y, con convicción, trató de dar vuelta la cosa o como alguien que se quedó a mitad de camino.

Muchos me preguntan qué fue lo que hizo que deje mi tranquilidad corporativa para armar mi empresa sin ningún tipo de seguridad alguna (más bien todo lo contrario) La respuesta está en la mirada de mis hijas. ¿Cómo les voy a decir que sigan sus instintos cuando me tragué los míos? ¿Cómo puedo enseñarles que se dediquen a lo que amen porque seguro las chances de que les vaya bien van a ser mucho más altas si yo me quedé agarrado a mi “seguridad” corporativa?

Pregonar solo vale si es con el ejemplo. El que haga lo contrario, te está mintiendo.

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