La izquierda del cero

Siempre me ha fascinado el trabajo en equipo. En cualquier lugar y disciplina, siempre creí en el grupo por encima de lo individual. El grupo potencia (lo bueno y lo malo) y creo, fervientemente, que vale la pena el esfuerzo de quien está al frente de cualquier grupo de gente por lograr una comunión y que todos tiren para el mismo lado.

Déjenme contarles una historia para graficar lo que quiero decir. Es la historia del número cero: a la derecha de cualquier número lo único que hace es crecer, llevar hacia el estrellato a cualquier cifra que tenga a su lado. “¿Vos querías fama? Esperá que llamo a mis hermanos y vas a ver” parece decirle el cero a cualquier número que se le plante delante.

El cero, al lado del cualquier número mucho más grande, ayuda a crecer: “Ahora valés solamente lo que vos representás. Pero esperá que yo me ponga al lado tuyo para que valgas diez veces más en un segundo”.

Pero la vida del cero es injusta, dura. Una mala decisión lo deja sin el pan y sin la torta. Como la vida misma. Porque si el cero se le para a la izquierda del mismo número al que antes le prometía el paraíso, se vuelve inútil, sin valor. Es lo mismo que esté como que no. Es, trágicamente, un cero a la izquierda.

Aunque eso no es lo peor de todo. Porque de la misma forma en que en patota son casi infalibles, como cualquier superhéroe, tienen un punto flojo. Una kriptonita verde a flor de piel. Es necesario (siempre) que todo el grupo sume y crea en el mismo objetivo: valer más. Y no estoy hablando de dinero (o si) Estoy hablando de valer más. Como grupo. Todo lo demás viene solo.

“Ah… ¿así que todos ustedes pueden hacerme valer diez, cien, mil veces más de lo que valgo?” diría cualquier dígito “Les tengo una mala noticia: sin mí, ustedes no son nada”. Y tiene razón. Si el número en cuestión se las toma, por más que esté rodeado de millones de ceros, estos no valen nada. Es lo mismo que haya uno solo o todos los ceros del universo. Su valor será, vaya paradoja, cero.

Esto me lleva a una simple conclusión, estimado lector: el trabajo en equipo es lo único que puede salvarnos. El valor individual es tan pequeño o tan grande como se quiera pero lo será diez, cien, mil, un millón de veces más importante si se unen esfuerzos y se tira para un mismo lado.

Juntos. Es la única receta.

Como digo siempre a quien quiera escucharme: “Si tenés una receta, usala y cociná para todos. Si cocinás solamente para vos, mejor pedite empanadas”

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s