El fin de una época

Yo la conocí desde muy chico. Mucho antes de poder realmente interactuar con ella. La veía a lo lejos, pensando en si debía acercarme o no. En el fondo sabía que una vez que empezara no iba a poder parar de tocarla, de jugar, de sentir que con ella iba a poder expresarme como nunca.

Con el tiempo crecí. Ella se puso vieja y solo interactuaba con mi mamá, que conocía todos sus secretos. Yo, en mi escuela, aprendí el oficio y mi relación con ellas cambió radicalmente. Todavía me río de aquellos que dicen que la escuela no sirve para nada…

Seguí creciendo y dejé de verlas. Las nuevas generaciones aparecieron nuevas y brillantes, dejándolas de lado. “Son más sensibles” escuché balbucear a algún tío que defendía a estas “máquinas infernales”.

Como todos, seguí mi vida. Las olvidé y casi que las escondí en algún lugar. Lejos de mis hijas y, vaya paradoja, de mi.

Ayer me enteré de que en Mumbai, India, cerró la última fábrica de máquinas de escribir del mundo. Ya no se fabricarán más esas cajas de metal con teclas y brazos mecánicos que me mostraron un mundo de palabras escritas con la fuerza de la emoción por expresarme.

Hoy revolví el placard de los recuerdos y la encontré. Estaba en el fondo, abajo de mil cosas sin usar. Pero estaba. Aguantando el paso del tiempo y el olvido. Mi vieja Remington negra con la ese chanfleada casi que se puso contenta al verme.

La apoyé en la mesa, le puse una hoja y empecé a escribir. Mi hija de 12 años se me acercó, apoyó su mano sobre mi hombro y me dijo “Papi, a tu computadora le falta la pantalla”.

La miré, bajé la vista y tipeé: “Gracias por el viaje, amiga del alma”

El “tin!” de la campanita de fin de renglón me respondió con un “gracias” grande como una casa.

Definitivamente se termina una época.

5 thoughts on “El fin de una época

  1. Me hiciste llorar!!

    En mi casa ademas de la maquina de escribir clásica, tenian una eléctrica, un engendro de la naturaleza!🙂

  2. mi mama tenia una olivetti verde y me acuerdo que cuando la sacaba de su valija verde, me moria por poner una hoja y escribir, tocar las teclas y jugar a ser secretaria o escritora, lastima que nada de eso paso!!!

  3. Qué noticia triste, Max!

    A mí me hizo “debutar” mi abuelo que tenìa una en su negocio. Desde ese día, todos los sábados a la mañana yo iba a su local a pasar un rato màgico con ella.

    Hace unos meses encontré una en un placard. Qué lindas eran… Se las dí a mis chicos, que la quieren como quien quiere a una vieja abuela que supo vivir.

  4. Sentido relato! Pero estoy tan segura de que así sea, veremos…

    Yo tengo mi Oliveti. En realidad, me la apropié porque cuando estuve enferma, en Crónica me mandaron una máquina y escribía en casa, y como nunca me la pidieron de vuelta, quedó aquí, sobre el modular.
    Cuando vienen mis sobrinos la miran fascinados.
    Se ponen a teclear, la tocan… hasta un día, Lucía, la del medio, se animó a pedirme que se la regale, y le dije que no. Esa Olivetti es Crónica, mis 20 años allí, es García y todo su genio, son mis 20, mis 30 y mis 40 años de periodismo callejero e independiente. Amén.

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