Emprender es un acto de fe. Fe en muchas cosas. Pero, sobre todo, fe en uno mismo. Y por allí es donde todos, antes de lanzar cualquier proyecto, deberían comenzar.
No siempre vale la pena “patear el tablero”. No hay que “tirarse a la pileta”. Es imposible “dar el salto al vacío”. ¿Estamos todos locos? ¿Quién de ustedes realmente saltaría al vacío, hacia una pileta sin saber si hay agua o no, pateando un tablero lleno de fichas (muchas de ellas puestas por ustedes mismos)?