¿Cuántas veces estuviste a punto de irte de tu trabajo y pensaste “no… no les voy a regalar mi indemnización a estos”?
Esa pregunta me estuvo rebotando en mi cabeza durante mucho tiempo y en algún momento me encontré frenado solamente por la sola sensación de no perder esa zanahoria que mantiene atados a tantos a sus asientos de diseño con tal de no perderlo.
Y ese pensamiento hace que, de a poco, cada uno de los que esperan se achaten, se planchen… quedan suspendidos, haciendo todos los días lo mismo sin pensar. Sin evaluar si está bien o está mal. Dejando pasar las horas jugando al solitario o charlando en los pasillos, completando informes que no dicen nada porque nadie los va a leer.
